El Regalo

He encontrado un refugio,
un lugar seguro,
y he plantado mi tienda.
Mi rincón tranquilo,
dónde puedo desprenderme del pesado ruido.

Es un lugar sin etiquetas,
sin prejuicios,
dónde puedo aprender a amarme,
a perdonar mis sinsentidos.

He vuelto a mi luz.

Tuve que desaparecer, que
romper la matrioshka en mil pedazos.
Convertirme en polvo,
para volver a ser barro;
a reconstruirme a golpe de verso.

Dejarme ir, confiar,
abandonarme temblorosa,
mientras trataba de encontrar
esa luz de la que me hablabas.

Volver a ser un poquito cada día, y
como Penélope, cada noche,
destejer una vuelta de la vida.

Pero lo intento,
bien sabes que lo intento;
intento ver el camino, los dones,
y poner a buen uso tantas bendiciones.

A mi vida siguen llegando
tantos instantes sorprendentes,
que incluso a veces, me atrevo a creerte.

A creer lo que tú ves en mí,
que no debo avergonzarme,
que sí, que está ahí.

A veces creo,
que este año el amor ha vuelto a mi vida,
en forma de tinta, y
cuadernos esparcidos sobre una cama vacía.

Y sí, a veces, pesa la soledad;
no te voy a engañar,
tantas veces te suplico,
un alma capaz de sobrellevar,
a esta loca de atar.

Pero no puedo quejarme,
me colmas de amistad,
de amor para entregar,
de sueños para viajar.

Cuando duele,
vuelvo aquí, a mi tienda junto a ti;
a la luz que calienta mi alma,
a la calma de nuestra soledad.

Y sí, todavía lloro,
pero ahora,
lloro en paz.

El Regalo – (fiat)


Más cosas…