Un día,
sin esperarlo,
te encuentras frente a un espejo.
Y ya no eres capaz de reconocerte.
Alargas la mano y sí,
eres tú,
esa debo de ser yo.
Pero al mismo tiempo, no me reconozco,
a primera vista queda poco o nada de mí.
Es extraño,
hasta ahora no había sido consciente
de que tantas partes de mí
se habían desprendido por el camino.
¿Dónde están?
¿Dónde estoy, y quién eres tú?
Me susurro,
te echo de menos.
Echo de menos tu fuerza, tu risa, tu ilusión.
Tu tira para adelante, todo va a salir bien.
¿Dónde estás?
Me gustaría que volvieses,
recuerdo que me gustaba estar contigo.
Me busco,
llevo un tiempo haciéndolo
aunque no con mucho éxito,
quizás no busque en el sitio adecuado.
Intento recordar dónde te perdí,
dónde se quedó cada parte de mí,
trocito a trocito.
Hasta desaparecer,
hasta no reconocerme,
pero ha pasado tanto tiempo
que incluso me cuesta recordarte.
Recordarme.
Quizás si encontrase cada pieza,
si entendiese cómo se desprendió,
qué golpe la partió,
pueda recomponerte,
recomponerme.
Aunque ya no seremos igual,
porque esta historia ya forma parte de mí,
cada caída,
cada grieta.
Y sí, quiero entender,
quiero recuperar,
quiero volver a ser.
Pero no quiero olvidar.
La caída ha sido dura, pero me pertenece,
duele, pero es mi dolor.
Y cada grieta forma parte de mí, y
la belleza también existe entre el dolor.
Quiero volver a ser,
eso sí,
orgullosa de cada cicatriz.
Porque con ellas seguiré caminando, y
gracias a ellas vuelvo a levantarme.
Soy mi proyecto de kintsugi,
busco cada fragmento,
cada pieza para recomponerme.
Desentierro la base,
¿Cómo has llegado ahí?
Intento limpiarla,
no luce mucho, por decir algo,
la verdad es que no luce nada.
Pero la encontré,
al menos ya puedo empezar.
Sonrío, tengo la primera pieza, mis ganas de vivir.
Ahora a por las demás.
¿Sigues ahí? - Kintsugi 02 (Cara B)