Easter egg
Durante tanto tiempo no supimos vernos.
Aquel día cruzamos una mirada,
los dos esbozamos media sonrisa.
Un instante, en silencio.
Nos leímos,
tan solo necesitábamos media sonrisa.
Una verdad ingrata,
esa cita ineludible que ninguno queríamos marcar en el calendario.
Tan cruel,
pero tan humano.
En serio,
parecías un “Minion”.
Hoy, ese impertinente omnipresente, me ha recordado la foto de ese último helado.
Ese pequeño vasito, que uno de esos angelitos que nos acompañaban,
sacó como por arte de magia de ninguna parte.
Vainilla y chocolate.
Tu sonrisa agradecida, ilusionada,
transformaba ese cartoncito en un copón con bengalas.
Como tantos que habíamos compartido,
en aquellas tardes de mi infancia.
De nuevo a solas,
pero esta vez, en tiempo de descuento.
Me pesó tantos años la distancia,
sentirme tan lejos, tan invisible,
que cada minuto a tu lado llegaba como un regalo.
Ahora pienso, si precisamente por eso,
no seré la más afortunada.
Porque cada una de tus miradas,
cada broma, cada frase tonta,
me sabían a caviar de beluga, a jamón cinco jotas,
o a lo que quiera que sepan todas esas cosas.
Esas de gente con posibles, a la que le sobran los peladores,
o las mandolinas para las verduritas.
Tus buenos días me sonaban a bendiciones,
tus resúmenes de la actualidad,
esas carreras a ver quién se despertaba primero,
tus tostadas contra mi café pelón.
Me hiciste esperar, hasta el último momento;
siempre pensé que no llegaba,
que no había alcanzado nada de lo que de mí esperabas.
Pero fuiste generoso,
y me regalaste esas palabras,
que cada noche vuelven a resonar en mi corazón.
Gracias por no llevártelas contigo,
porque son la gasolina que tantas veces necesito.
Sin palabras. – Easter Egg




