Un lugar especial

Poesía y reflexiones de Paula Toral (Pau) – Poemas sobre sanación, resiliencia, identidad y proceso creativo.

¿Hemos dejado de pensar por nosotros mismos? Una reflexión sobre la sociedad actual, el pensamiento crítico, la desinformación y el poder de las palabras.

La involución de la palabra

¿Cuándo abandonamos el pensamiento crítico?

¿En qué momento dejamos de pensar por nosotros mismos? En una sociedad dominada por el ruido mediático, la desinformación y las opiniones ajenas, el pensamiento crítico parece haber cedido terreno a la repetición y al conformismo. En “La involución de la palabra», reflexiono sobre la sociedad actual, el poder del lenguaje y la manipulación de la información, exploro la importancia de cuestionar lo que vemos, escuchamos y damos por cierto. Es, en resumen, una invitación a recuperar la curiosidad, el diálogo y la capacidad de pensar libremente.


Desde que tengo recuerdos he visto el mundo un poco “a mi manera”. Viviendo siempre como una exploradora, a veces espectadora, inquieta y curiosa; a caballo entre mi mundo interior y ese extraño laberinto, ineludible y fortuito, en el que me ha tocado vivir,

Uno de mis primeros recuerdos son mis caminos hacia el parque, casi siempre de la mano de mi madre. Observaba curiosa los rótulos de las tiendas y le preguntaba, al adulto de turno, una y otra vez “¿qué dice ahí?, ¿y ahí?” a la pregunta, en demasiadas ocasiones, para pesar de mi interlocutor, le seguía un “¿y eso qué es, qué hacen ahí?.

Yo solo pensaba “quiero aprender a leer”. Pronto había descubierto, que las palabras eran algo de crucial importancia. Las palabras me acompañaron desde mi más tierna infancia hasta hoy, un amor que superó incluso la más convulsa de las etapas del desarrollo humano, la adolescencia.

Fue por aquel entonces, cuando descubrí la señalética, los pictogramas, la fotografía y su poder de comunicación. También el teatro y Gabriel García Márquez llegaron a mi vida casi de la mano, abriendo nuevos horizontes en los canales para la transmisión del mensaje, ¿qué quieres contar y cómo vas a hacerlo?.

La etimología y la semiótica llegaron después, devota de significado y significante, me enamoré de la “interpretación” (en su acepción “Concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad.”), ese último eslabón, que a mi entender, determina el mensaje final de cualquier obra.

Descubrí en “La muerte del autor” de Roland Barthes y su extraordinario “Camera lúcida”, la clave de la que yo llamo “obra inacabada”, teoría por la que toda obra culmina en el espectador, pues es él quien, desde su propia experiencia, desentraña el mensaje final dotándolo de un significado singular e intransferible.

Dicho esto concluí en mi juventud, que toda obra es infinita pues todas son rematadas en la vivencia única de quien las interpreta.

Fue por aquellos años en los que comprendí también el poder de las imágenes, especialmente en la comunicación, en particular el de la fotografía, ya que la asumimos como testimonio fiel e inapelable de la realidad, si bien es cierto, que su mensaje está también condicionado por la perspectiva del autor.

Aún más, cuando como elemento de comunicación periodística, acompaña una noticia y un elocuente titular, la asociación que hacemos y el significado que inferimos me resultó tan interesante como peligroso y a ello dediqué mi tesina de final de carrera.

Ya entonces apuntaba maneras, especialmente analítica y al margen de la corriente “not everyone ‘s cup of tea” que se lo pregunten a mi directora de tesina. Fue cuando comencé a preguntarme “Why?” y más tarde “What for?”, cada vez que algo vestido de trascendente, que a mí se me antojaba intrascendente, invadía todos los medios de comunicación.

Hoy continúo en esta línea, asisto pasmada, boquiabierta, a la suerte de acontecimientos que mantienen ocupadas las mentes de nuestra sociedad.

Como buen fan de Noam Chomsky y su “Manufacturing consent”, no puedo más que colarme en las entretelas de la desinformación que hoy nos abruma, del ruido imperante que nos impide reflexionar.

Me pregunto en qué momento desapareció de nuestras vidas el “pensamiento crítico”, el diálogo, la formulación de preguntas; para en su lugar instalarnos en una repetición continua de proclamas ajenas y opiniones de segunda mano.

Supongo que fue un proceso lento, casi letárgico, el que nos convirtió en caricaturas de lo que fuimos, en reflejos informes de otros anhelos.

“No me gusta lo que veo,
hace tiempo que lo pienso,
no me gusta lo que veo
al mirar nuestro reflejo como sociedad.”

Estos versos llevan meses rondando mis páginas, y ahora vuelven a mí como una consigna, casi como bandera, ¿cuándo dejamos que otros pensasen por nosotros?.

Desde muy joven aprendí, que poseer un cerebro es toda una responsabilidad. El cerebro es un arma poderosa, que en desuso, corre el riesgo de acabar en las manos equivocadas. Porque si tienes un cerebro, si estás leyendo esto efectivamente lo tienes, y no lo usas otro lo usará por ti.

Cuando miro nuestro reflejo como sociedad es precisamente eso lo que veo, una masa de cerebros aletargados, acomodados dócilmente, persiguiendo zanahorias colgando de un palo. ¿Quién lleva el palo?, esa es otra historia, pero ciertamente no es el que persigue la zanahoria.


Reflexiones Paula Toral - Pau

Autora: Paula Toral – Pau

Conócela en su bio: El porqué de las cosas

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